El auto avanzaba con suavidad mientras las luces de la ciudad pasaban como destellos. Mientras Arzhel conducía de regreso a casa, yo iba mirando por la ventana, pensando en lo que se venía. Dos días… Solo dos días para la boda. La idea era emocionante, pero también me daba ciertos nervios. No sabía si era por el evento en sí o por el plan maestro que llevábamos a cabo.
—¿Estás nerviosa? —La voz de Arzhel rompió el silencio, me observó por unos segundos.
Giré la cabeza y lo miré. Esa típica sonri