A la mañana siguiente, lo primero que hicimos fue dirigirnos a la antigua casa de Karl para poder sacar los documentos que necesitábamos de debajo de ese roble; sin embargo, nos sorprendió que el aire tenía un olor metálico y denso a medida que nos acercábamos.
Nuestros ojos se abrieron con amplitud al ver que ese lugar estaba hecho un completo desastre. Alguien, quizá las personas que vinieron el día anterior, lo hicieron. Las llamas ya se habían apagado, pero el humo aún se alzaba en columnas