El mensaje llegó en el peor momento. Arzhel y yo aún teníamos las manos cubiertas de tierra cuando mi teléfono vibró de nuevo. Era un mensaje de Christopher, pero lejos de ser tranquilizador, era un aviso de que alguien estaba viniendo a este lugar y que debíamos salir en ese preciso momento.
—Tenemos que irnos. —Mi voz sonó más tranquila de lo que sentía. Levanté la vista hacia Arzhel, quien ya había notado mi expresión y asintió con gravedad.
—Deja todo tal como estaba. Que no quede rastro. —