El sol de la mañana se colaba por las ventanas de la cocina, bañándolo todo con un cálido resplandor dorado. Yo estaba de pie junto a la isla, batiendo unos huevos mientras Arzhel se encargaba de picar algunas verduras. Su habilidad con el cuchillo era impresionante, aunque su actitud despreocupada me hacía pensar que disfrutaba más de hacerme reír que de cocinar.
—¿Sabes? —comentó con su tono casual mientras levantaba la vista de la tabla de cortar con esa sonrisa que solía hacer que mis defen