El resto del día transcurrió con una normalidad inquietante. Si algo sabía de Teresa, era que no dejaría pasar lo que había escuchado sin intentar obtener más información. Y no me equivoqué, justo cuando me preparaba para salir del edificio, mi teléfono vibró en el bolsillo. Al revisar la pantalla, un mensaje de la barracuda
«Kenna, me gustaría que habláramos. ¿Puedes reunirte conmigo en el café cerca de la empresa?»
Una pequeña sonrisa apreció en mis labios. El plan estaba yendo por buen camin