Al salir, la figura imponente de Arzhel estaba junto al auto, con las manos en los bolsillos y una expresión serena en su rostro. Sus ojos se encontraron con los míos por un momento, luego se desviaron hacia el interior del café, donde Teresa seguía observándonos a través del cristal.
Era el momento perfecto para completar el acto.
—Cariño. —Lo llamé con un tono dulce mientras me acercaba a él, dejando que mi voz se elevara lo suficiente para que Teresa pudiera escucharme.
Sin dudarlo, rodeé su