Me quedé mirándolo fijamente, atrapada en el azul profundo de sus ojos, esos que siempre parecían leer cada pensamiento mío antes de que pudiera expresarlo en palabras. Su mirada penetrante me atravesaba como si pudiera ver más allá de las capas de mi ser, descubriéndome por completo.
La calidez de su presencia me envolvía, como un refugio seguro al que podía rendirme sin miedo, sin reservas. Pero sabía, muy en el fondo, que este momento de calma no duraría para siempre. Algo siempre nos separa