El comienzo de la mañana fue tenso, como una cuerda a punto de romperse. La reunión en la villa Lancaster se desarrollaba con una calma aparente, pero bajo la superficie, todos sabíamos que algo estaba a punto de estallar.
Ciprian, con su expresión de siempre, indiferente y calculadora, escuchaba cada palabra del plan sin decir mucho.
Arzhel, en cambio, permanecía con los brazos cruzados y el ceño fruncido, como si cada palabra que saliera de nuestras bocas le hiciera más difícil respirar. A pe