Solo un detalle...
Subieron por un ascensor y luego atravesaron por un par de pasillos más antes de entrar a una oficina, más que un consultorio. Allí lo esperaba su padre, y para sumarle algo a su ya categórica decepción, un anciano que no tenía un rostro para nada agradable.
Sobre el escritorio de cristal ahumado, descansaba una placa acrílica donde se leía: Said Duany, Psiquiatra.
Observó con detenimiento el oscuro rostro del médico, que no mostraba ninguna expresión y solo le devolvía la mirada con la misma