Bajó del auto con la ayuda de Nicolás y le agradeció el gesto de quitarse la chaqueta de cuero negro que llevaba para cubrirla y que su cabello no se humedeciera. La entrada del bar El Tuerto lucía repleta, a pesar de la insistente llovizna de esa noche. Él rodeó su cintura con el brazo y la acercó más a su cuerpo para besarle la sien izquierda.
—Te ves preciosa —le dijo al oído.
Ella asintió y sonrió, fingiendo estar encantada con todas sus atenciones. Aunque en un principio le parecieron la