Alexander se quedó mirando cada una de las vetas en la madera oscura, queriendo cerciorarse de que su padre no entraría de nuevo para decirle que ya lo sabía todo. En realidad, no reconocía con claridad las emociones que lo embargaron en ese momento, pero la sonrisa volvió a sus labios, mientras llamaba a uno de sus hombres para que se llevaran los recipientes y los analizaran.
Avisó a uno de los médicos que hacía ese tipo de tareas para él y le pidió la discreción de siempre.
Le dio un vista