Rocío llevaba varios minutos parada frente a su cama. Se había puesto unos pantalones enormes y un buzo de igual corte y miraba su cuarto como si no supiera por dónde comenzar a ordenar.
Todo era un desastre, apenas se molestaba en estirar su cama cada día, no le importaba tener libros a medio abrir, papeles en el suelo, cargadores enchufados con sus cables como ramas secas juntando polvo en el suelo. No le importaba porque nadie los veía nunca. Pero de repente, todo era demasiado desprolijo, d