Mundo ficciónIniciar sesiónAmbos estaban inmóviles. Se miraban sin hablar, sin pestañear, prácticamente conteniendo la respiración, mientras las luces de aquel automóvil de policía se hacían más lejanas.
Habían estado demasiado cerca, si aquel llamado al handy no hubiera existido, ese oficial de seguro hubiera entrado y hubiese sido el fin, pensaba Mauro mientras estudiaba esos ojos verdes que comenzaban a sentirse indescifrables. En otro momento hubiese querido saberlo todo, habría pasado la noche preguntándole acerca de su vida, buscando la manera de robarle un roce, de acariciar inesperadamente su piel. Pero eso hubiera sido en otro momento, ahora tenía mucho en que pensar, debía encontrar la manera de salir del lío en el que su tío lo había metido sin que eso afectara a su familia. Pensó en su madre y prácticamente pudo verla con el rosario entre los dedos pidiéndole a la virgen que lo trajera de vuelta. Eso no le gustó. Todo lo que hacía lo hacía por ella, por su familia, por arreglar el desastre que su padre había dejado al partir. Rocío pudo distinguir el instante exacto en el que sus ojos cambiaban. No sabía muy bien el porqué pero de repente se habían visto cargados de angustia, como si realmente tuviera miedo por primera vez y eso no le gustó. Pero ¿Qué podía hacer ella? Nada, no podía hacer nada para cambiar su propia situación, mucho menos por alguien más. -Creo que ya se fueron.- dijo interrumpiendo la tensión que se había generado entre los dos y Mauro suspiró llevando sus manos a los bolsillos del enorme pantalón que llevaba. -Sí, creo que sí.. Eh.. entonces ¿Vas a llamar a tu mamá?- le preguntó moviendo sus manos como si intentara encontrar algo en aquellos bolsillos y Rocío no pudo evitar desviar su vista hacia ellos mientras una carcajada espontánea escapaba de su labios. -¿Qué te causa gracias?- le preguntó él fastidiado, realmente le costaba entenderla. -Es que no conoces a mi madre, aunque la llamara nunca vendría.- dijo dando unos pasos hacia la escalera que alertaron a su interlocutor provocando un nuevo empujón entre sus cuerpos cargados de tensión. -¡Bueno, basta!- dijo ella alzando un poco más la voz de lo que debía y él la miró arrugando sus ceño mientras volver a tenerla cerca se volvía adictivo. -Si vas a dispararme hacelo de una vez.- agregó cerrando sus ojos con fuerza mientras giraba su rostro pegándose más a la pared que tenía detrás. Pero entonces el que rió fue él, liberando la presión que ejercía para darle espacio. -Yo no.. no iba a dispararle a nadie. - dijo liberándola por completo. -¿De dónde sacas esas ideas? Yo nunca.. Sólo me sorprendiste ¿A dónde se supone que ibas?- le preguntó alzando los hombros mientras enseñaba las palmas de sus manos como si de esa manera pudiera demostrarle lo que pensaba. -Iba a cambiarme, no sé si lo notaste pero no esperaba a nadie. -le dijo en un rapto de humor que aflora sin saber muy bien si era producto de sus nervios o de su nueva necesidad de mostrarse interesante a sus ojos. Mauro se movió hacia atrás y volvió a escanear su figura, esta vez con una pausa provocativa. -Por mí estás bien.- le dijo volviendo a enseñar esa sonrisa de lado tan seductora que Rocío decidió ignorar por su propio bien. -Pero por mí no. ¿Puedo subir a cambiarme o vas a sacar tu arma?- le preguntó entre indignada y temerosa. Entonces él la miró sin terminar de entenderla y al notar como sus ojos se desvían a sus bolsillos supo que había malinterpretado su gesto previo. No tenía un arma, y de haberla tenido nunca la hubiera apuntado a ella, pero eso ella no tenía cómo saberlo, al fin y al cabo era un delincuente se habia metido en su casa, uno de una banda peligrosa como había dicho el policía. Sin dejar de mostrar esa mueca provocadora comenzó a desvestirse. Primero fue su remera algo desgastada, mostrando un torso firme con algunos tatuajes dispersos tan intimidantes como sus músculos. Luego sus zapatillas con pausa frente a esos ojos verdes que lo miraban incrédulos sin poder reaccionar. Y cuando bajó sus pantalones, ella no pudo contenerse más. -¿Qué estás haciendo? No, no sigas..- dijo cubriéndose los ojos con su propia mano, mientras espiaba entre los dedos como si fuera un colegiala inexperta. ¿Acaso no lo era? No lo de colegiala, había dejado el colegio hacía años, de hecho había terminado la universidad también, pero lo de inexperta… bueno esa descripción si le calzaba a la perfección. -Te voy a demostrar que no tengo ningún arma.- le respondió él disfrutando del rubor de sus mejillas mientras giraba ofreciéndole su cuerpo con apenas su ropa interior. -Ok, ok, entiendo el punto. ¿Podrías vestirte por favor? - le pidió girando su propio cuerpo para no caer en la tentación de apreciarlo un poco más. Mauro emitió una ligera risa que terminó por enfadarla y comenzó a vestirse despacio. Ella negaba con su cabeza mostrando su indignación ¿Por qué había hecho eso? ¿Qué necesidad tenía de mostrarse así? ¿Acaso la estaba provocando? Ella ya lo había ayudado, ¿Qué más quería? Pensaba perdida en su propio enfado justo cuando un aliento repentino acariciaba su cuello. -Que no tenga un arma no quiere decir que no pueda contenerte si pensas en escapar.- le dijo aun sin su remera, cerca, demasiado cerca de su cuerpo, estremeciendola de una forma que nunca antes había sentido. No podía gustale, no podía pensar en otra cosa que no fuera alejarse de aquel delincuente y sin embargo ahí estaba, paralizada por el deseo de que volviera a presionarla contra la pared. -¿Vas a escaparte?- agregó atreviéndose a juntar su pecho contra su espalda, para sentir ese temblor ínfimo que terminó por excitarlo más de lo que debía, por eso ni bien rozó aquellos redondeados glúteos, no tuvo más opción que retirarse para no delatarse. Entonces Rocío reaccionó. Creyó que la cercanía le había disgustado y por eso se había retirado tan repentinamente y no quiso volver a sentirse así. Giró con premura y lo empujó un poco colocando su mano abierta sobre aquel torso desnudo sin detenerse en la sensación que aquello había despertado. -Ya te demostré que iba a ayudarte, ahorrate tus amenazas y tus striptease, no soy de esas.- le dijo y al notar su gesto de asombro volvió a retomar sus pasos hacia la escalera. -Ahora voy a cambiarme.- le anunció y sin esperar respuesta subió hacia su cuarto con el corazón galopando desbocado, sintiendo que de haber disparado un arma no la habría herido tanto como con ese desprecio, pero sin tiempo de darse pena a sí misma, se concentró en dejar de exponer su cuerpo de esa manera.






