Entonces… ¿no hay nada más que comida compartimentada?- dijo Mauro volviendo a abrir la heladera como si lo que acababan de decidir no fuera algo fuera de toda normalidad.
Rocío lo miraba sin mirarlo en realidad, estaba perdida en su decisión, como si hubiera sufrido una repentina parálisis.
-Caramelo… ¿Tenes comida de verdad? Me muero de hambre.- repitió Mauro moviendo su mano delante de sus ojos para intentar sacarla del aparente estado hipnosis que mostraba.
-Eh… sí, no sé. Esto es rarísimo…