-¡No puedo creer que estemos acá!- la voz de Helena sonaba mucho más fuerte que de costumbre. Si bien mantenía su porte estirado, apenas tocando la comida que tenía delante, se la notaba feliz.
Ella y Rocío habían salido a almorzar a un restaurante en la bahía, uno pequeño de mesas elegantes y platos costosos. Por supuesto que había sido su elección, pero Rocío no había querido contradecirla. Poder salir de su casa era todo un avance y no quería arruinarlo.
-Para completar mi felicidad, hoy hab