Capítulo 38. Sobreponiéndose al ataque.
Francesco frenó el coche con un chirrido de neumáticos justo al borde de la acera, impaciencia que se reflejaba en cada uno de sus movimientos al abrir la puerta y salir.
Sus pies apenas tocaron el pavimento antes de que avanzara a grandes zancadas hacia la entrada, con la mirada fija en el umbral, como si el tiempo mismo se estuviera escurriendo entre sus dedos.
Detrás de él, con el aliento entrecortado y una expresión de esfuerzo en el rostro, Vito lo seguía a duras penas, sus pasos resonando