Capítulo 138. La semilla de la duda.
Francesco bajó del auto, la brisa de la ciudad apenas acariciando su rostro, y apenas caminó un par de pasos antes de que su mirada se fijara en la mujer parada en la entrada del restaurante. Su cabello negro, largo y brillante, le recordó instantáneamente a su amada Catalina.
Por un breve momento, su corazón dio un vuelco, pero la ilusión se desvaneció tan rápido como apareció. Se dio cuenta de inmediato de que, aparte de ese rasgo superficial, esta mujer y su esposa no tendrían absolutamente