Mike no cabía de asombro ante la revelación de su amigo, que apenas pudo decir.
—¿Eres en realidad mi amigo Leo? —cuestionó incrédulo.
El chico pelirrojo no estaba de ánimos para bromas, así que ante el comentario irónico de su amigo, resopló de frustración.
—¡Estoy hablando en serio! —replicó de mala gana.
Por el tono de voz de su compañero de juegos, Mike dejó a un lado las bromas y comentó:
—¡Ey! Calma, no te enojes.
—Pues tú te lo estás tomando a juego —refunfuñó Leo.
—¿Pues qué quier