CECE
—¿A dónde vas? —me preguntan.
Me encojo de hombros. Sólo sé que quiero salir de casa y esperar a Jack fuera para que no haya más problemas.
—Ven, mira qué de regalos.
No tengo ganas de sentarme y abrir sorpresas, pero lo hago como si no pasara nada, en silencio. Son demasiados regalos: los míos y los que serían de Anne. El aire se me atasca en el cuello, me tiro del collar como si eso fuera a quitarme la soga.
Cuando abro el último regalo lo dejo en el suelo.
—¿Puedo salir ya? —pido, al