10 AÑOS DESPUÉS
CECE
—¡Jack! —grito, todo sigue tan vacío que hay algo de eco.
Baja las escaleras y aparta unas cajas del camino con el pie. Me sonríe y el corazón me salta en el pecho. Con el paso del tiempo no he dejado de quererlo más y más.
—Ya voy ya voy —dice y empuja la pila de cajas del medio.
—Gracias. Pesa, ¿sabes? —bromeo.
Sus manos, tan grandes y seguras, me quitan unos mechones del pelo de la cara y me escucho soltar un suspiro tonto. Están siendo unos días locos y ahora nos qued