El beso fue el punto de partida de algo que ninguno de los dos había planeado, pero que ambos habían estado evitando durante semanas. Dalia sintió que el mundo se reducía a la sensación de sus labios contra los de él, a la calidez de sus manos en su espalda, al latido acelerado de su corazón que resonaba en sus oídos.
Andrea se apartó apenas lo suficiente para mirarla a los ojos. La luz de la chimenea bailaba en sus pupilas negras, reflejando una intensidad que Dalia nunca había visto en él.
—¿