Punto de vista de Mariana
Era tarde cuando Dimitri regresó.
El reloj de la sala marcaba casi las nueve. Estaba sentada en el sofá con las piernas encogidas, aferrando una taza de té que se había enfriado hacía una hora. No había dado ni un sorbo. Simplemente la sostenía, contemplando el líquido oscuro, intentando calmar mis pensamientos.
Todo en mi cabeza se sentía enredado.
Romanov. El segundo heredero. La forma en que había mencionado armas como si fuera una clasificación clínica. La mirada f