Punto de vista de Mariana
Al caer la tarde, los llevé a dar un paseo por el jardín amurallado. Michael caminaba con paso majestuoso, pateando piedritas. Yelena me apretaba la mano con demasiada fuerza. Alina me seguía, arrastrando los pies. A través de una ventana del piso de arriba, vi una pálida mancha de cabello rubio. Yolanda nos observaba.
Al anochecer, tenía los nervios a flor de piel. Los niños por fin estaban en la cama, aunque dudaba que estuvieran dormidos. Me quedé en la cocina, apoy