Mariana Pov
Mantuve los ojos fijos en la pantalla del portátil mientras hablaba, mis dedos moviéndose sobre el teclado con golpes rápidos y precisos. El resplandor del monitor iluminaba mi rostro, proyectando sombras en las paredes de la sala de servidores. El aire estaba frío, casi lo suficiente para ver mi aliento, y el zumbido constante de las máquinas llenaba el espacio con un ronroneo bajo y persistente.
La voz de Dimitri llegó inmediatamente por mi auricular.
—Confirmado.
—Los sensores