Luisana podía sentir la intensidad de sus ojos, él lo estaba diciendo en serio. Por alguna razón quería ser protegida por ese hombre, había algo en el que la atraía demasiado.
—¿Quieres tomar algo?
—¿Un café? —ella lo mira—. No sé si estoy de ánimos para un trago
—Claro, voy a prepararte uno. Si querés esperamos hasta que Lena se vaya a dormir y te llevo a tu casa —él la mira—. Aunque me gustaría que te quedes.
—En realidad olvidé las llaves de la casa de mi papá y él aún sigue en la casa de Cl