Claudia no permitiría que una imbécil como Mónica viniera a hablarle de esa manera en su casa. Tenía suficiente con todo lo que estaba pasando actualmente como para tener un lío amoroso con la esposa del que escasa vez fue su amante.
Ante la mirada atenta de Claudia, la mujer se subió al auto y salió a toda velocidad de allí, prometiendo que algo iba a hacer para que la sonrisa de aquella mujer se borrara de su rostro.
Claudia tenía que descartar cualquier duda, aunque tenía la certeza de que J