El grupo avanzaba por el sendero rocoso que los alejaba del desfiladero, pero ninguno sentía que realmente hubieran dejado atrás la batalla. Las sombras que enfrentaron no solo habían atacado sus cuerpos, sino también sus almas, dejando heridas invisibles que dolían con cada paso.
Afrodita lideraba el camino, sus movimientos decididos, pero su mente estaba cargada de preguntas. Miraba de reojo a Ethan, que sujetaba el Orbe con ambas manos. El artefacto parecía absorber su energía, su luz tenue