La energía del portal rugía como un huracán contenido, amenazando con romper todas las barreras entre la realidad y el caos absoluto. Las grietas que lo atravesaban se expandían con un patrón errático, emanando ráfagas de luz púrpura y negro que iluminaban las ruinas de Machu Picchu con un brillo espectral. Era como si el portal tuviera vida propia, un abismo devorador que se alimentaba del desequilibrio en el campo de batalla.
Cronos, en el centro de todo, alzaba los brazos, su figura titánica