El aire era pesado, cargado con una energía que no pertenecía a este mundo. Afrodita, Ethan, y los mestizos avanzaban en silencio por un sendero oculto que los conducía a las montañas de Machu Picchu. A pesar de la calma aparente, el ambiente estaba impregnado de tensión. Cada paso parecía resonar en el aire, como si el universo mismo estuviera conteniendo la respiración.
El portal de Aramu Muru había hecho su trabajo, transportándolos a los límites de la ciudadela. Sin embargo, la sensación de