Por Charlotte
-Buenas tarde, Megan.
La saludé con una sonrisa, aunque no era sincera.
-Hola, preciosa.
¡Me trata c
on condescendencia!
¡Es insoportable!
-Hola, chicos.
Saludó a mis amigos.
Ellos la saludaron y se sentaron cerca de ella.
Eso me molestó.
Traté de concentrarme en Tati.
-¡Tía! ¡Seño, vino mi tía!
Le dijo a la profesora de patín.
Todos los padres me miraron y logré opacar a Megan.
Aunque ella no parecía estar molesta, hasta sonrió como los demás.
Su sonrisa era más falsa que la mía,