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Capítulo 4 Estación de policía

Por Charlotte

Estaba apurada y tanto el idiota que no me dejó pasar, como el oficial de policía que no dejaba de mirarme, babeando con mi escote, como si nunca hubiera visto un par de tetas, me complicaron el día.

Hasta querían testigos para saber quién tenía razón.

¡Eso era inaudito!

¡Son unos perdedores!

Ni sé quién le dijo al policía, aunque debe haber sido un infeliz que manejaba un Lexus, auto aburrido si los hay, porque grita a la vista que los que manejan ese tipo de vehículos, son hombres de mediana edad, que se creen superiores y no hacen nada de su vida.

Es gente aburrida, que vive de las apariencias.

No son como yo, que con mi Ferrari demuestro que la vida me pertenece.

El tema es que cuando creí que ya me iba, al infeliz del policía, se le ocurrió que lo tenía que acompañar a la comisaría.

¡Yo quería reunirme con mis amigos!

Tuve que esperar que el agente del orden, como algunos lo llaman, gestionará la fluidez del tráfico, al parecer, había muchos idiotas que no sabían manejar por los carriles correspondientes.

Lo seguí hasta la comisaría, porque tuvo la osadía de amenazarme con un desacato y pensé que lo podría exponer ante sus superiores.

Mientras lo seguía estaba pensando en todas las acusaciones que le podría hacer.

Entré a la comisaría detrás de él.

-Espérame aquí.

Dijo con tranquilidad.

Entró a una puerta que tenía un cartel que decía “Privado”.

Me senté en una silla horrenda, mientras sentía las miradas de un montón de personas.

Ya estaba muy impaciente, porque habían pasado diez minutos y el oficial no aparecía.

Al fin salió.

-Tendrá que esperar su turno para que el escribiente le tome declaración y luego proceda a informarla de la advertencia sobre su comportamiento en la calle.

Me paré indignada.

Yo soy alta y tenía unas sandalias con un taco altísimo, el oficial de pronto se debe haber sentido pequeño a mi lado, porque dio un paso atrás

-¡No tengo porqué esperar, no puedo perder tiempo!

-Siéntese y espere.

-¡No!

Dije alzando la voz.

-¿Quién se cree? ¿No sabe quién soy yo?

-Se tranquiliza.

-¡Quiero hablar con su superior!

Sin contestarme, se alejó, negando con la cabeza.

Tuve que esperar unos minutos más, en los que no dejé de resoplar y de murmurar.

Hasta que me acerqué al mostrador y pedí hablar con el que estaba a cargo.

La mujer policía apenas me miró.

-¿Me escuchó?

Ya estaba furiosa,

-Señorita, espera o la hago llevar a una celda.

-¿Qué?

-Lo que escuchó.

-Yo no hice nada y ya mismo llamo a mi padre.

-Está en su derecho de hacerlo.

-¡Por supuesto que lo voy a hacer y él va a venir con su abogado!

Sin contestarme, habló con alguien en voz baja y apareció una mujer, que al parecer era la que estaba a cargo.

Yo contaba con que el superior fuera un hombre, porque con unas lágrimas, eran más fáciles de manipular.

-Acompáñeme.

Dijo, sin saludarme, esa horrenda mujer.

La seguí en silencio.

Entramos a una oficina, que parecía la de un general, estaba llena de diplomas colgados y hasta había una vitrina con placas.

-Explíqueme, con qué derecho piensa que habría que tomarle declaración antes que a las personas que ya estaban esperando cuando usted llegó.

Por un momento me quedé sin palabras.

-Porque no soy una delincuente para esperar junto a esas personas.

-Señorita ¿De verdad piensa que los delincuentes están haciendo fila para declarar? 

-No lo sé, nunca estuve en una comisaría.

La mujer me miró y sonrió casi despectivamente.

-Señora, solamente vine para que me den una advertencia, porque un idiota me tiró el auto encima y dijo que crecé con el semáforo en rojo.

-¿Cruzó con el semáforo en rojo?

¡Ja! 

¿Piensa que le voy a decir eso?

-No.

-¿Está segura? ¿Por qué no está el otro conductor?

¡Mierdaaa!

-Eso se lo tendría que preguntar al oficial que me coaccionó para que yo viniera acá, posiblemente lo hizo porque le grité o porque quería observar por más tiempo mi belleza.

-¿Está acusando a mi agente de acoso?

En ese instante no supe qué decir, ¿Mis lágrimas ablandaran a esta mujer?

-No dije eso, pero tampoco sé lo que significa eso de firmar una advertencia, parece solamente una excusa.

-Voy a pedir a un juez que revise las cámaras del incidente y si cruzó en rojo, va a abonar una multa.

-No tengo problema con eso.

Por un minuto se quedó en silencio, mirándome con seriedad, no sabía que estaba pensando pero su frialdad era mucha.

-¿Qué auto conduce?

-¿Eso que tiene que ver?

-Conteste, porque igual me voy a enterar.

-Una Ferrari.

Asintió con una sonrisa macabra.

-Va a tener que esperar acá, que un juez verifique las cámaras y eso puede llevar horas.

-¡No puedo esperar tanto!

-Lo lamento.

Dijo sin preocuparse en disimular que no lo lamentaba.

Sin pedir permiso, llamé a mi padre.

Luego de sonar cuatro veces, hasta él parecía ignorarme hoy, me atendió.

-¡Papá!

Le dije cuando me atendió y realmente me largue a llorar porque ya no aguantaba más.

-¿Qué sucede?

-Estoy en una comisaría y me están tratando mal, ven a buscarme.

-¿Qué pasó?

-Me están acusando de pasar un semáforo en rojo.

-¿Por eso estás en la comisaría?

-¡Papá, no tengo tiempo! ¡Ven rápido!

-Estoy con Tati.

-¿Con quién?

-¡con tu sobrina!

-Déjala con mamá o llevársela al padre, pero ven con tu abogado.

Le dije, estallando en llanto.

Esperé en otro sector de la comisaría, todos me ignoraban y yo me estaba conteniendo para no gritar.

No sé porqué les importa tanto esa niña, si mi hermana se murió, se podría quedar con su padre, cada vez que la veían, volvían a hablar de Sheryl y todo se volvía dramático y yo no quería ni pensar en eso, era más fácil tratar de ignorar a mi sobrina, total, si al padre se le llegaba a ocurrir cortar las relaciones, no la volverían a ver.

No pensaba encariñarme con alguien que podría desaparecer de mi vida, por eso ni siquiera pensaba conocerla.

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