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Prefacio
*Narra por Paulina*
Tenía una vida perfecta. Era una joven hermosa, pertenecía a una de las familias más poderosas de la ciudad y estaba a punto de casarme con mi primer amor.
En solo una semana me convertiría en la esposa de Daniel Bustamante. Nuestras familias habían organizado una cena pre-boda en nuestra casa para celebrar y sellar aquella unión.
Fue entonces cuando llegó él: Luciano Bustamante, el tío de Daniel. Apenas unos años mayor que mi prometido, pero con una reputación que lo precedía en toda la élite. Lo llamaban el gigoló de la alta sociedad.
Entre Daniel y Luciano siempre había existido una fuerte rivalidad. Tal vez porque Luciano, con su presencia magnética y su aura peligrosa, siempre lograba opacar a su sobrino.
En medio de las felicitaciones y las sonrisas de los invitados, sentí la necesidad de escapar un momento. Subí a mi habitación para cambiarme los zapatos.
Fue entonces cuando un ruido extraño llamó mi atención.
Entreabrí la puerta con cuidado y el corazón se me detuvo.
Ahí estaba Luciano, sentado en el borde de mi cama, con los pantalones abiertos y mi bata de pijama enredada entre sus manos. Se masturbaba con los ojos cerrados, respirando con dificultad.
—Paulina… —gimió con voz ronca—. Mi Paulina…
Lo vi todo.
Lo observé hasta el final, hipnotizada y en shock. Luciano se corrió con un gemido, apretando los dientes mientras murmuraba cuánto me deseaba, lo mucho que me quería en su cama. Después, con cuidado, escondió mi bata de pijama dentro de su bolsillo.
Nunca antes había sentido acelerarse y detenerse al mismo tiempo, el tío de mi novio me deseaba con una intensidad que me hizo temblar las piernas y desear cruzar una línea prohibida.
Esa imagen se quedó grabada en mi mente desde esa noche. Luciano Bustamante, el seductor más conocido de la élite de la ciudad, el hombre que podía tener a quien quisiera… me deseaba a mí.
El día de la boda, Luciano no apareció. Envió una excusa formal y anunció que viajaría a París, donde se quedaría a vivir indefinidamente para hacerse cargo de los negocios de la familia en Europa, la verdad era lo mejor, después de lo que pasó, verlo me desestabilizaba.
Después de la boda, Daniel y yo nos fuimos de luna de miel a Brasil. Mis padres, entusiasmados, decidieron acompañarnos para festejar su aniversario, era el viaje de mis sueños con las personas que más amaba.
Nunca imaginé que ese viaje cambiaría mi vida para siempre.
Estábamos en Brasil. Un día decidimos salir de compras. Daniel, que se sentía algo cansado, prefirió quedarse en la casa. Mis padres y yo salimos a disfrutar de un día maravilloso en aquel lugar tan vibrante.
Pero en el camino de regreso, el automóvil perdió los frenos de repente, mi padre hizo lo posible para mantener el control fue inútil.
Mis padres murieron en el accidente.
Y yo… sobreviví. Aunque mi rostro quedó marcado para siempre con una cicatriz que me reco
rdaría cada día lo que había perdido.







