Me sentía atrapada en un remolino de emociones que no lograba descifrar. Quizás siempre fui demasiado distraída, demasiado ajena a los detalles de mi propio mundo. Nunca había prestado atención a las pequeñas señales, a los rostros que se cruzaban en mi camino, a las historias que se tejían a mi alrededor… hasta ahora.
El silencio se instaló entre nosotros como una barrera invisible, una pausa necesaria para ordenar las palabras que se amontonaban en mi garganta. Finalmente, reuní el valor para