Mientras continuaba con mis tareas, el silencio en la habitación se sentía pesado, cargado de una tensión que no sabía cómo manejar. Me mantenía enfocada en cada pequeño movimiento, limpiando y ordenando con más esmero de lo habitual, solo para evitar su mirada.
El príncipe Patrick había logrado su objetivo de hacerme sentir incómoda, humillada y, lo que más me avergonzaba, celosa. Trataba de bloquear esos pensamientos, de concentrarme en mis deberes, pero su presencia lo hacía imposible.
De