La noche cayó sobre Eldoria como un manto pesado. La luna llena aún no había alcanzado su cenit, pero su luz plateada ya teñía las copas de los árboles de un tono rojizo, como si el bosque sangrara. Bryan corría entre las sombras con Natalia en brazos y el pequeño Eldrin envuelto contra el pecho de su madre. Cada paso hacía crujir las hojas secas y enviaba ondas de dolor por su cuerpo herido.
—Respira, Nat… solo respira —susurró Bryan, su voz ronca por el esfuerzo.
Natalia apretó los dientes. El