Las Ruinas de la Primera Manada se alzaban como huesos antiguos del bosque mismo. Columnas de piedra cubiertas de musgo y runas desgastadas por el tiempo formaban un círculo sagrado bajo la luz plateada de la luna. El aire estaba cargado de una magia tan antigua que incluso el viento parecía susurrar nombres olvidados.
Bryan entró primero, con Natalia todavía en brazos y el pequeño Eldrin envuelto contra su pecho. El bebé había crecido visiblemente en las últimas horas: ya no parecía un recién n