La luna llena brillaba como una herida abierta en el cielo, bañando el claro con una luz plateada que parecía sangre fría.
Bryan estaba de pie frente a Vance, con los brazos extendidos, protegiendo a Natalia con su propio cuerpo. La sangre del Progenitor ardía en sus venas como fuego líquido. Sus ojos ya no eran solo dorados: mostraban cuatro pupilas superpuestas, señal de que la sangre antigua estaba despertando por completo.
—No daré ni un paso atrás —gruñó Bryan. Su voz resonaba con dos tonos