La caverna de sanación se había convertido en un refugio precario. Las runas de Sarah brillaban débilmente en las paredes, pero su luz se apagaba poco a poco, como la esperanza de un condenado.
Bryan estaba sentado contra la roca, con Natalia acurrucada contra su pecho. Su herida en el costado ya no sangraba, pero el dolor seguía latiendo al ritmo de su corazón. La sangre del Progenitor lo curaba rápido, casi demasiado rápido, como si le recordara constantemente que ya no era solo un lobo.
Natal