Los túneles parecían más estrechos ahora, como si el bosque mismo estuviera conteniendo la respiración. Bryan caminaba con dificultad, una mano presionada contra la herida profunda en su costado. La magia de Natalia había cerrado lo peor, pero el dolor seguía ardiendo como fuego plateado.
Natalia iba a su lado, apoyada en él. Su mano nunca abandonaba su vientre. El niño se movía inquieto, como si percibiera el peligro que aún los acechaba.
Sarah cerraba la marcha, lanzando miradas hacia atrás ca