La luz del Corazón del Bosque aún palpitaba en sus venas cuando salieron de la cámara sagrada. El aire se sentía más pesado, cargado de anticipación. Cada paso que daban resonaba como un tambor de guerra.
Bryan llevaba a Natalia en brazos. Ella estaba pálida, con gotas de sudor frío en la frente, pero sus ojos ámbar seguían brillando con determinación. El niño se movía inquieto dentro de ella, respondiendo a la cercanía del Progenitor.
—Duele… —susurró Natalia, apretando los dientes—. No es dolo