Darian
Regresé al claro, donde la manada había reanudado el ritual a medias. Las parejas danzaban, pero sus risas eran forzadas, sus miradas se desviaban hacia mí.
En mi guarida—una especie cueva oculta tras una cascada de hiedra—, el eco de Ethan persistía. Me quité la capa de pieles y arrojé una copa contra la pared. El sonido del metal golpeando la piedra fue un alivio momentáneo.
—Hazlo. Muéstrales cómo tratas a los que se interponen en tu camino.
Sus palabras, desafiantes e infantiles, me