Oliva se animó con su comentario a tentarlo, puesto que ondeó sus caderas sin ninguna vergüenza, pero él la detuvo. Dejó que se le escapara un gruñido suave de frustración.
—Montar mi mano es algo que quiero que hagas… —Se inclinó y mordisqueó su cuello, sin dejar de estimularla—. Pero en este momento ambos necesitamos algo más… ¿Lo sabes?
Con la mano libre, él se aprovechó de la forma del escote del vestido para sacar sus pechos sensibles; disfrutó al ver que sus pezones estaban duros como