Nathan acarició el rostro de Ekaterina, pretendía besarla, esas eran sus intenciones. Al notarlo, la joven cerró los ojos y esperó aquél beso que no llegó. Un golpe en el cristal del auto los sobresaltó a ambos.
—Esto es increíble —bufó Ekaterina ya de camino a casa. Nathan había recibido una multa de tránsito por haberse estacionado en un sitio no permitido, y al final, ella jamás recibió su beso —. Maldito policía.
—Solo hacía su trabajo —comentó risueño el pelinegro, al cual toda la situac