Damon Chrysler
Con el corazón acelerado y las manos sudorosas, me dirigí al burdel que Maxon me había indicado. La noche estaba fría y las sombras de los edificios parecían alargarse ominosamente a mi alrededor, como si quisieran detenerme. Cada paso que daba resonaba en las calles desiertas, un eco que parecía intensificar mi determinación. Azula estaba ahí, en algún lugar detrás de esas paredes mugrientas y llenas de pecados. La había estado buscando durante años, y no iba a permitir que n