Lloré durante toda la noche, incapaz de contener el dolor que me embargaba. No entendía por qué seguía doliéndome tanto la miserable actitud de Damon. Recordaba con amargura cómo faltó a nuestro hogar y al parto de nuestras hijas por estar con Azula, cómo los encontré a ambos en la cama, y la traición se agitaba en mi corazón como una tormenta sin fin.
A pesar de la agonía que sentía, no quería que mis pequeñas me vieran en ese estado. No deseaba que sintieran mi tristeza, mi desesperación. M