Damon Chrysler
Mis pasos resonaban en el pasillo mientras me dirigía al departamento de Luzma. Estaba decidido a disculparme, a reconciliarme con mis tres mujeres, mis tres pelirrojas. Con rosas en mano, símbolo de arrepentimiento y perdón, avanzaba con determinación. Sabía que si mis niñas se parecían a Luzma, sería muy complejo obtener su perdón. Era increíble tener a dos minis Luzma, tan cabezotas y apasionadas como su madre.
Pero al llegar, la escena que presencié me golpeó con fuerza. M