Juego mortal.
Luz Marina.
No podía creer lo que estaba viendo. Mi hermano Ben, quien yo creía muerto por mi culpa, yacía dormido en una cama, conectado a varias máquinas en una cabaña abandonada. Durante años, la culpa por su supuesta muerte me había atormentado, llevándome incluso al borde de la desesperación.
Recordaba vívidamente aquel fatídico día en que los frenos de mi auto fallaron. Había sido un accidente, o eso creía entonces. Desperté en la clínica, devastada por la noticia de la muerte de Ben.