TREINTA Y TRES

A I L E E N

—Coge a tu madre—su voz suena autoritaria.

Yo solo puedo observar como la sangre va manchando su polo de marca. Ya no queda rastro del Jax Hoffman que había aparecido como un ángel de la guarda. No podía evitar sentir miedo y preocupación por su estado.

—Jax, déjalo por favor—supliqué.

—¿No ves que ellos no van a dejarnos?—pregunta señalando con la mirada a la banda de L
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