Había estado lloviendo durante días.
Parecía que el sol no quisiera volver a salir jamás.
Alexander había ido a Londres por asuntos y no podía regresar porque las carreteras estaban cortadas. La propiedad era un auténtico lodazal. Todos los hombres que trabajaban con ellos habían salido al pueblo pues eran días festivos. Nadie pensó que la temporal ira a más y habían quedado atrapados en sus casas.
William y Kilian intentaban como podían mantener el orden, pero era duro para dos hombres