Mundo ficciónIniciar sesiónSus ojos, fijos en la cama donde su ama aguardaba, brillaban con una furia hambrienta, implorando en su fuero interno ser él quien despojara a la reina de su pálida vestidura y bebiera el jugo vital de su cuerpo.
Nadie pronunció palabra alguna esa noche. El silencio era absoluto, roto únicamente por el crujido de las sábanas de lino y la respiración agitada de los dos monarcas humanos. El ritual no requería discursos; era una pant







